domingo, 28 de abril de 2013

Dangedroids: La raza de los guerreros


Una especie venida de las estrellas, de los confines del Universo conocido, y tal vez más lejos, ignorada incluso por sus vecinos más cercanos, que a la vez son los más cercanos a la propia raza humana. Una especie dividida por milenios de continuas guerras en clanes cada vez en mayor reducción, difícilmente se hallará uno que viva más de 100 años, pues ninguno de ellos llega a la edad que en días primigenios  se alcanzaba sin dificultad, ellos son capaces de alcanzar las edades de los primeros profetas, e incluso el doble o triple; existe una leyenda de uno de ellos que, se dice, fue uno de los primeros que observó el Universo en crecimiento, y fue quien enseñó a sus descendientes lo que sería su cultura, sus creencias y su forma de vida. Perdidas en el tiempo, con sus profundos conflictos, se han transformado en parias de lo que sus ancestros fueron, salvajes y muy hostiles a cualquier forma de vida, incluso a veces hacia su propio clan.
A primera vista, son para nosotros como un ornitorrinco: una mezcla de partes de animales que se unen para dar forma a su descendencia, tan desgastada por su pésima situación de vida, por ello son tan violentos. Ahora, su nuevo destino es más sombrío con cada día que se sucede.

 Hace ya varios años, un tirano invasor de planetas y razas, auto llamado Morth  tuvo como objetivo este distante mundo, indefenso y debilitado por terroríficas batallas, no fue demasiada dificultad, ni aún la más mínima amenaza, esclavizarlos y que todos ellos pasaran a engrosar las filas del ejército invasor. Las hembras se secuestraron para formar más Dangedroids, estudiar sus fortalezas y debilidades. En base a muchos experimentos, supo que eran una formidable fuerza de batalla: fuerza supernatural, resistencia a las largas caminatas, piel impenetrable a los proyectiles de casi todos los tipos, capacidad de rápida reacción ante situaciones desesperadas o de mucha acción, y conforme crecían, se hacían más violentos, pero no todos eran así; los habían destinados a la táctica y estrategia, lo que demostraba una expansión de la sabiduría muy amplia, y eran quienes eran destinados a dirigir sus fuerzas con habilidad magistral. ¿Cuál era, entonces, su único punto débil?

 Como se dijo anteriormente, la mayoría de ellos se hacían más inestables y hostiles a medida que crecían, pero esa no era su única debilidad, eso se arreglaba con unos cuantos cortes de disciplina, muchos de ellos mostraban horribles heridas quemadas a fuego surcando sus cuerpos; su mayor debilidad era su cuello, pues este era muy delgado y sus músculos eran robustos para compensar el peso, sostenidos por la cresta que nacía desde su nuca y se extendía a lo largo de su columna, un simple golpe bien dirigido bastaba para matar a una de estas moles, y ahí venía una vez más el ingenio de aquel tirano, pues lo único en lo que se tenía que trabajar era en la fabricación de una protección resistente para su cuello endeble, y no tenía por qué ser de la mayor calidad, por lo que para lograrlo utilizó lo que a primera vista era bastante abundante en el Universo, hierro meteórico, que era francamente bueno para todo, pues era a su vez muy moldeable a bajas temperaturas, y unos cuantos golpes bastaban para darle forma.

 De esta forma, Morth logró fortalecer su poderoso ejército hasta hacerlo francamente invencible, contaba con la fuerza de sus propias armas, impulsadas por una fuente de energía bastante rara cuyas fábricas se distanciaban miles de años luz de su posición, contaba también con los esclavos de sus propias conquistas, de cuyas razas había formado en su distante reino una especie de zoológico para que sus súbditos apreciaran y temieran el poder de su implacable líder, por último, su propia guardia personal, soldados formados especialmente en las áreas más crudas del espacio exterior, cuyo propósito consistía en evitar cualquier motín  o inconveniente que las bestias intentaran crear.

 Actualmente, aquellas criaturas, los Dangedroids, esperan en su eterna cárcel el día en que una oportunidad les sea dada, y junto con las demás razas, tienen posada sus esperanzas en una leyenda galáctica, el libertador de todos, aquel que no tiene nombre, pero es conocido por todos.

martes, 16 de abril de 2013

El Susurrador

 Estoy tranquilo, pero no puedo dormir. Es extraño, es como si el sueño se negara a llegar para dejarme descansar en paz. La sensación de cansancio, de frustración va en aumento conforme las horas de la noche pasan, largas como el vacío temporal infinito, interminables, insondables. No poseo relojes o cosas así en mi cuarto, estoy incomunicado con el mundo en mi recinto secreto, sólo dispongo de unas cuantas horas antes que el sol incandescente rompa con las tinieblas de la Oscura Noche.

 Intento cerrar mis ojos, tal vez así el tesoro de los durmientes acuda a mi auxilio, lentamente apoyo mi cabeza sobre la suave almohada y cierro mis ojos en un intento de apurar al Ángel de los sueños. Tras unos minutos, vuelvo a abrirlos, otro intento fallido.

 Extrañamente, veo las paredes de mi cuarto moverse al son de unos murmullos provenientes del Silencio... casi inaudibles, pero están allí. Con pasos suaves, aquellos murmullos comienzan a elevar, de manera realista, la potencia de sus palabras, sin embargo aún no puedo distinguir algún sonido familiar, algo que me indique exactamente el qué hace este zumbido. Pienso en las frecuencias bajas, que están allí pero no logras escuchar, quién sabe lo que ellas te susurran... Pero eso está fuera de mi tema de enfoque ahora.

Luego de unos momentos, la misteriosa sensación desaparece, pero su extraño efecto impide nuevamente conciliar mi sueño, pues al parecer mi interior es más sensible a los cambios que mi persona en sí misma, pues un suave estremecimiento recorre cada vello de mi piel, pero no siento nada más, tal vez sea fruto de lo desconocido y difícil de explicar para mí, tal vez la ya habitual soledad e incertidumbre o, puede ser, un ente. ¿Les es familiar la sensación de alguien que les observa, a veces tras su espalda? Yo, debo confesar que, cada noche la siento, a veces cerca, a veces lejos, y en ciertas ocasiones, siento que me abraza o que me observa por el espejo que está frente a mi cama, o por la puerta de mi dormitorio, o por la ventana que está a la cabecera de mi lecho.

Esta vez, sin embargo, es diferente. Esta nueva sensación es perturbadora, pues el susurro se asemeja más a un aullido débil que a una frase más o menos entendible. "Serán los perros esta vez", me digo a mí mismo, al parecer, los canes del lugar donde habito tienen una fascinación negativa conmigo, pues a la vez que, de las ya pocas veces que busco un poco de aire, camino por los solitarios caminos en la noche, ellos sienten mi presencia y sus gruñidos de advertencia no se hacen esperar, lo peor es que el primero de ellos es quien alerta al resto, y por eso se crea una insoportable reacción en cadena, a la que me he tenido que imponer con mucha paciencia, pues a veces intentan acercarse a mí para atacarme, y generalmente no lo hacen lo suficientemente rápido, pues siempre tengo algo con lo que defenderme de ellos. Creo que ya nos estamos desviando del tema, ¿No lo creen?

Como sea, al cabo de unos minutos mis ojos están ya intentando cerrarse para, por fin, descansar al menos unos instantes, cuando el zumbido emerge con una fuerza renovada, digamos que era tan molesto como una jaqueca, o más aún, como un dolor de muela que ocurre en mitad de la noche, tal vez alguno de ustedes haya sentido tal agonía alguna vez, pues bien, era comparable a esta sensación. Siento que, una vez más no podré conciliar el sueño.

No poseo nada en este momento que me ayude a calmar el incómodo palpitar de mis tímpanos, nada más que mis manos, inútiles barreras pues aumenta el zumbido en intensidad, e, inesperadamente, cesa nuevamente y la certidumbre cae en el profundo silencio de la noche. Una vez más, se ha salido con la suya, una vez más no podré dormir, una vez más... el Susurrador me ve triunfante desde lo alto de las copas de los árboles, desde lo alto de los postes de electricidad, mientras, sin fuerzas suficientes para soportar una nueva jornada, mis pasos rozan la senda en camino hacia mi destino diario.

¿Quién puede asegurar que esta noche no lo hará de nuevo? ¿Seguir con esa manía de despertarme e impedirme conciliar un sueño, o una pesadilla? lo cierto es que no tengo respuestas para ello, seguramente ustedes tampoco. Es impredecible, pero si alguna vez se encuentran con él, prepárense para una lucha en la que ustedes no tendrán muchas posibilidades. Si logran triunfar, sólo les hostilgará unos momentos, pues sabe que son demasiado para él. Yo, por otro lado, soy una presa fácil, pero a veces tengo mis triunfos, a veces mis derrotas.
Él y yo sabemos que, de ser posible, nuestra batalla será eterna, o tal vez no. Lo averiguaré cuando, en la noche, escuche un leve murmullo tan débil que sea casi imperceptible.

sábado, 6 de abril de 2013

La Sombra Silente


Existe en cada uno, crece dentro del ser
Se extiende sobre las cimas de las montañas
Sobre los profundos océanos comienza a crecer
Nadie las puede evitar, en silencio mudo
Como la inesperada muerte que acecha
A las almas desprevenidas cegando.

Las batallas interminables no le afectan
Simplemente sólo les alimentan
El olor de destrucción y dulce veneno
Con deleite continúa caminando
Al compás de un escenario sólo eterno.

De la enrarecida forma humana emerge
Sin cuerpo, sin esencia ni propósito
Más que caminar al costado y seguirte
Caerás ante el profundo abismo.

Inhibidos los sentidos en esta parte
Carne de tu carne, vive de tu existencia
Sangre de tu sangre, aún en decadencia, sigue.

Congregado el macabro clero surge
Observando las líneas temporales.

En ellas viendo la Sombra Silente…