martes, 16 de abril de 2013

El Susurrador

 Estoy tranquilo, pero no puedo dormir. Es extraño, es como si el sueño se negara a llegar para dejarme descansar en paz. La sensación de cansancio, de frustración va en aumento conforme las horas de la noche pasan, largas como el vacío temporal infinito, interminables, insondables. No poseo relojes o cosas así en mi cuarto, estoy incomunicado con el mundo en mi recinto secreto, sólo dispongo de unas cuantas horas antes que el sol incandescente rompa con las tinieblas de la Oscura Noche.

 Intento cerrar mis ojos, tal vez así el tesoro de los durmientes acuda a mi auxilio, lentamente apoyo mi cabeza sobre la suave almohada y cierro mis ojos en un intento de apurar al Ángel de los sueños. Tras unos minutos, vuelvo a abrirlos, otro intento fallido.

 Extrañamente, veo las paredes de mi cuarto moverse al son de unos murmullos provenientes del Silencio... casi inaudibles, pero están allí. Con pasos suaves, aquellos murmullos comienzan a elevar, de manera realista, la potencia de sus palabras, sin embargo aún no puedo distinguir algún sonido familiar, algo que me indique exactamente el qué hace este zumbido. Pienso en las frecuencias bajas, que están allí pero no logras escuchar, quién sabe lo que ellas te susurran... Pero eso está fuera de mi tema de enfoque ahora.

Luego de unos momentos, la misteriosa sensación desaparece, pero su extraño efecto impide nuevamente conciliar mi sueño, pues al parecer mi interior es más sensible a los cambios que mi persona en sí misma, pues un suave estremecimiento recorre cada vello de mi piel, pero no siento nada más, tal vez sea fruto de lo desconocido y difícil de explicar para mí, tal vez la ya habitual soledad e incertidumbre o, puede ser, un ente. ¿Les es familiar la sensación de alguien que les observa, a veces tras su espalda? Yo, debo confesar que, cada noche la siento, a veces cerca, a veces lejos, y en ciertas ocasiones, siento que me abraza o que me observa por el espejo que está frente a mi cama, o por la puerta de mi dormitorio, o por la ventana que está a la cabecera de mi lecho.

Esta vez, sin embargo, es diferente. Esta nueva sensación es perturbadora, pues el susurro se asemeja más a un aullido débil que a una frase más o menos entendible. "Serán los perros esta vez", me digo a mí mismo, al parecer, los canes del lugar donde habito tienen una fascinación negativa conmigo, pues a la vez que, de las ya pocas veces que busco un poco de aire, camino por los solitarios caminos en la noche, ellos sienten mi presencia y sus gruñidos de advertencia no se hacen esperar, lo peor es que el primero de ellos es quien alerta al resto, y por eso se crea una insoportable reacción en cadena, a la que me he tenido que imponer con mucha paciencia, pues a veces intentan acercarse a mí para atacarme, y generalmente no lo hacen lo suficientemente rápido, pues siempre tengo algo con lo que defenderme de ellos. Creo que ya nos estamos desviando del tema, ¿No lo creen?

Como sea, al cabo de unos minutos mis ojos están ya intentando cerrarse para, por fin, descansar al menos unos instantes, cuando el zumbido emerge con una fuerza renovada, digamos que era tan molesto como una jaqueca, o más aún, como un dolor de muela que ocurre en mitad de la noche, tal vez alguno de ustedes haya sentido tal agonía alguna vez, pues bien, era comparable a esta sensación. Siento que, una vez más no podré conciliar el sueño.

No poseo nada en este momento que me ayude a calmar el incómodo palpitar de mis tímpanos, nada más que mis manos, inútiles barreras pues aumenta el zumbido en intensidad, e, inesperadamente, cesa nuevamente y la certidumbre cae en el profundo silencio de la noche. Una vez más, se ha salido con la suya, una vez más no podré dormir, una vez más... el Susurrador me ve triunfante desde lo alto de las copas de los árboles, desde lo alto de los postes de electricidad, mientras, sin fuerzas suficientes para soportar una nueva jornada, mis pasos rozan la senda en camino hacia mi destino diario.

¿Quién puede asegurar que esta noche no lo hará de nuevo? ¿Seguir con esa manía de despertarme e impedirme conciliar un sueño, o una pesadilla? lo cierto es que no tengo respuestas para ello, seguramente ustedes tampoco. Es impredecible, pero si alguna vez se encuentran con él, prepárense para una lucha en la que ustedes no tendrán muchas posibilidades. Si logran triunfar, sólo les hostilgará unos momentos, pues sabe que son demasiado para él. Yo, por otro lado, soy una presa fácil, pero a veces tengo mis triunfos, a veces mis derrotas.
Él y yo sabemos que, de ser posible, nuestra batalla será eterna, o tal vez no. Lo averiguaré cuando, en la noche, escuche un leve murmullo tan débil que sea casi imperceptible.

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