Una especie venida de las estrellas, de los confines del
Universo conocido, y tal vez más lejos, ignorada incluso por sus vecinos más
cercanos, que a la vez son los más cercanos a la propia raza humana. Una
especie dividida por milenios de continuas guerras en clanes cada vez en mayor
reducción, difícilmente se hallará uno que viva más de 100 años, pues ninguno
de ellos llega a la edad que en días primigenios se alcanzaba sin dificultad, ellos son
capaces de alcanzar las edades de los primeros profetas, e incluso el doble o
triple; existe una leyenda de uno de ellos que, se dice, fue uno de los
primeros que observó el Universo en crecimiento, y fue quien enseñó a sus
descendientes lo que sería su cultura, sus creencias y su forma de vida. Perdidas
en el tiempo, con sus profundos conflictos, se han transformado en parias de lo
que sus ancestros fueron, salvajes y muy hostiles a cualquier forma de vida,
incluso a veces hacia su propio clan.
A primera vista, son para nosotros como un ornitorrinco:
una mezcla de partes de animales que se unen para dar forma a su descendencia,
tan desgastada por su pésima situación de vida, por ello son tan violentos.
Ahora, su nuevo destino es más sombrío con cada día que se sucede.
Hace ya varios años, un tirano invasor de planetas y razas, auto llamado Morth tuvo como objetivo este distante mundo, indefenso y debilitado por terroríficas batallas, no fue demasiada dificultad, ni aún la más mínima amenaza, esclavizarlos y que todos ellos pasaran a engrosar las filas del ejército invasor. Las hembras se secuestraron para formar más Dangedroids, estudiar sus fortalezas y debilidades. En base a muchos experimentos, supo que eran una formidable fuerza de batalla: fuerza supernatural, resistencia a las largas caminatas, piel impenetrable a los proyectiles de casi todos los tipos, capacidad de rápida reacción ante situaciones desesperadas o de mucha acción, y conforme crecían, se hacían más violentos, pero no todos eran así; los habían destinados a la táctica y estrategia, lo que demostraba una expansión de la sabiduría muy amplia, y eran quienes eran destinados a dirigir sus fuerzas con habilidad magistral. ¿Cuál era, entonces, su único punto débil?
Como se dijo anteriormente, la mayoría de ellos se hacían
más inestables y hostiles a medida que crecían, pero esa no era su única
debilidad, eso se arreglaba con unos cuantos cortes de disciplina, muchos de
ellos mostraban horribles heridas quemadas a fuego surcando sus cuerpos; su
mayor debilidad era su cuello, pues este era muy delgado y sus músculos eran
robustos para compensar el peso, sostenidos por la cresta que nacía desde su
nuca y se extendía a lo largo de su columna, un simple golpe bien dirigido
bastaba para matar a una de estas moles, y ahí venía una vez más el ingenio de
aquel tirano, pues lo único en lo que se tenía que trabajar era en la
fabricación de una protección resistente para su cuello endeble, y no tenía por
qué ser de la mayor calidad, por lo que para lograrlo utilizó lo que a primera
vista era bastante abundante en el Universo, hierro meteórico, que era
francamente bueno para todo, pues era a su vez muy moldeable a bajas
temperaturas, y unos cuantos golpes bastaban para darle forma.
De esta forma, Morth logró fortalecer su poderoso ejército hasta hacerlo francamente invencible, contaba con la fuerza de sus propias armas, impulsadas por una fuente de energía bastante rara cuyas fábricas se distanciaban miles de años luz de su posición, contaba también con los esclavos de sus propias conquistas, de cuyas razas había formado en su distante reino una especie de zoológico para que sus súbditos apreciaran y temieran el poder de su implacable líder, por último, su propia guardia personal, soldados formados especialmente en las áreas más crudas del espacio exterior, cuyo propósito consistía en evitar cualquier motín o inconveniente que las bestias intentaran crear.
Actualmente, aquellas criaturas, los Dangedroids, esperan en su eterna cárcel el día en que una oportunidad les sea dada, y junto con las demás razas, tienen posada sus esperanzas en una leyenda galáctica, el libertador de todos, aquel que no tiene nombre, pero es conocido por todos.
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